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domingo, 28 de junio de 2009

Venezolana de Television


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TeleSur




GOLPE DE ESTADO EN HONDURAS


Centares de manifestantes rechazan golpe militar en Honduras

Tegucigalpa, 28 jun (PL) Cientos de personas comenzaron a concentrarse hoy ante la sede de la Presidencia en esta capital reclamando la restitución del presidente Manuel Zelaya, secuestrado por militares golpistas esta madrugada.
-Pueblos y gobiernos del ALBA están en batalla, afirma Chávez
-Cristina Fernández: golpe en Honduras es retorno a la barbarie
-PRD mexicano repudia secuestro de Zelaya y expresa solidaridad
-Confirman secuestro de canciller de Honduras y varios embajadores

-Instan a EE.UU. a condenar golpe de Estado en Honduras
-Honduras pide a OEA condenar golpe de Estado
-Secuestran a embajadores en Honduras y canciller Rodas
-Condena ONU golpe de Estado en Honduras
-"Este es un complot de una élite voraz", afirma Zelaya
-Exige pueblo hondureño restitución del presidente Zelaya
-Llama canciller hondureña a resistencia popular ante el golpe
-Comunistas chilenos rechazan golpe de Estado en Honduras

-Venezuela advierte que sólo reconocerá a gobierno de Zelaya
-Condena Parlamento venezolano golpe en Honduras
-Golpistas trasladan al presidente hondureño a Costa Rica
-Golpe de Estado en Honduras contra la democracia popular
-Chávez llama a militares hondureños a la reflexión
-Reclaman solidaridad internacional ante golpe de Estado en Honduras
-Ejército de Honduras arrestó al presidente Zelaya
-Secuestrado presidente de Honduras

miércoles, 24 de junio de 2009

El testículo izquierdo


Pagina/12 - Opinion
Miércoles, 24 de Junio de 2009

Por Osvaldo Bayer


Hace poco hablábamos en la Universidad de Quilmes sobre las manifestaciones del pueblo en la calle. El arma del pueblo para protestar contra las injusticias de la sociedad. Esas manifestaciones, ese salir a la calle, muestran el coraje de los seres humanos ante las injusticias. Puse como ejemplo la manifestación de mujeres proletarias en aquel Río Gallegos de 1919. Allí, en enero de ese año, los trabajadores habían sido detenidos y encarcelados por exigir mejores condiciones de trabajo. Ante este hecho, sus mujeres salieron en manifestación para pedir la libertad de esos hombres. La forma en que actuó la policía fue increíble. Sólo eran siete mujeres, bien proletarias. Cuando se las conminó a disolverse, una de ellas dijo que no, que iban a ver al juez letrado a reclamar la libertad de sus hombres. Señala el parte policial que las mujeres se desacataron y que una de ellas (Pilar Martínez, española, viuda, de 31 años, cocinera) le pegó (textual) “un puntapié en el testículo izquierdo al sargento Jesús Sánchez, produciéndole una contusión dolorosa que lo dejó inutilizado para el servicio durante dos días”. (¡Qué fanática la gallega, justo se eligió el izquierdo!) La cuestión es que, con esa acusación, la mujer fue a parar a la cárcel. Pero el testigo Amador Víctor González dejó luego un testimonio escrito que trae una versión muy distinta. Dice que esas obreras fueron obligadas a detener su marcha por un pelotón de agentes que las amenazaron apuntándolas con sus carabinas. Las mujeres, a pesar de la amenaza, intentaron seguir su marcha de protesta y entonces “los uniformados hicieron caracolear sus corceles sobre el grupo de las indefensas mujeres. A dos o tres de ellas les cruzaron el rostro a latigazos y otras –una de ellas embarazada– fueron tomadas de los cabellos golpeándolas sin clemencia. Esas mujeres fueron juzgadas luego por agresión a la autoridad y escándalo en la vía pública”.

La historia demostró que todas esas represiones sólo sirven para crear violencia en la sociedad. Sí, la historia les dio la razón a esas mujeres porque finalmente el progreso dio a los trabajadores mucho de eso que pedían. En cambio, de los represores no hay ninguna placa en las comisarías de donde partieron para reprimir. Ni siquiera un monumento al testículo izquierdo del sargento Jesús Sánchez.

La manifestación debe ser un derecho público. Un termómetro para los políticos. Si la gente sale a la calle a protestar es porque algo pasa. Analizar la protesta, sacar conclusiones de ellas, es la misión de todo estadista. Obrar en consecuencia para eliminar eso que puede ser origen de una nueva violencia. En Buenos Aires acaba de ocurrir algo muy triste. En el aniversario de la creación del Estado de Israel se hizo un acto público conjunto del gobierno de la ciudad de Buenos Aires y de la embajada israelí.

A ese acto concurrió una manifestación de protesta con carteles y cánticos de miembros de las organizaciones Teresa Rodríguez y FAR que censuraban la política israelí en Palestina, con la agresión militar última que dejó miles de víctimas. Bien, y aquí vienen las versiones diferentes. Como aquella vez de 1919 en Río Gallegos. La versión policial indica que los manifestantes atacaron con palos y a puñetazos a los presentes en el acto con expresiones racistas contra los judíos. Los manifestantes, en cambio, señalan que cuando estaban gritando sus consignas de críticas a la política de Israel contra Palestina fueron atacados por un núcleo de hombres que hablaban hebreo. Y que inmediatamente después de esa agresión, la policía argentina detuvo a varios integrantes de la manifestación de protesta acusándolos de desorden público y agresión y de discriminación racial contra el pueblo judío.

Una cantidad importante de intelectuales argentinos, encabezados por el Premio Nobel de la Paz Pérez Esquivel, ha repudiado la detención de esos manifestantes señalando que no hay que confundir una manifestación contra la política exterior que lleva a cabo el gobierno israelí con respecto a Palestina con una conducta racista. Además, ratifican el derecho del pueblo a manifestar sus protestas en marchas públicas. Pero el juez Bonadío, interviniente en la causa, ha tomado como cierta la versión policial y del embajador israelí y ha iniciado juicio a doce intervinientes en la manifestación en una causa que puede llevar a la pena de dos a ocho años de prisión a los acusados.

Esto es muy doloroso. Es crear violencia en la sociedad. Para mayor mal, el embajador israelí, doctor Gazit, ha felicitado públicamente al juez Bonadío por su resolución. Para colmo la policía allanó un lugar de reunión de la organización Teresa Rodríguez y señala que encontró bombas molotov y algunas armas de fuego. Esto fue rechazado por esa organización diciendo que en el lugar allanado funcionan un comedor comunitario y una cooperativa textil. Señala que la policía permaneció allí desde las 20 hasta las 5 de la mañana y que destruyó la vivienda de los que duermen en ese lugar.

Luego la policía levantó un acta que dice que encontraron bombas molotov y armas en un baño. Pero allí entraron solos y sin testigos. Además, cuentan que la policía se llevó las cámaras fotográficas, una fotocopiadora y varias computadoras destinadas a la juventud del barrio (al parecer sólo les restaba levantar un acta sobre el testículo izquierdo del sargento Lagos). Aparte, el juez Bonadío ordenó la prisión de nueve de los doce acusados, los que fueron llevados a la cárcel de máxima seguridad de Marcos Paz, a la cárcel de mujeres de Ezeiza y a la de menores también de Ezeiza.

A uno, como argentino y ciudadano del mundo, le da pena todo esto, mucha pena. Creo que todos los ciudadanos tienen derecho a criticar o no a la política de Israel con respecto a Palestina, más después de los últimos bombardeos y del muro que se ha levantado entre los dos pueblos. Sin por eso ser culpables de cometer racismo. Este hecho nos da también pena por Israel y por la Argentina. Creemos que el pueblo judío, con la sabiduría ganada en las persecuciones que ha sufrido a lo largo de su historia, buscaría otros caminos antes que la violencia. La historia nos ha demostrado que sólo se adelanta con la paz. Veamos esos dos pueblos: Francia y Alemania, con tres guerras continuas: 1870, 1914 y 1939, con la muerte de millones de sus hijos y la destrucción de sus ciudades. Y ahora: hace ya 64 años que viven en paz y hasta han eliminado fronteras y llevado a cabo mercados comunes, sin jamás durante esos años de paz haberse producido un incidente fronterizo. Y en la Argentina, que luego de la experiencia de las dictaduras militares metamos presos a jóvenes que salieron a gritar su opinión acerca de un problema que nos interesa a todos: la paz definitiva en el Cercano Oriente, es muy penoso. Además, saber escuchar los testimonios de los presentes en ese acto y no dejarse llevar sólo por la versión policial, ya que los acusados señalan que cuando ellos comenzaron a gritar sus pensamientos fueron agredidos por un grupo especializado israelí, ante la falta total de acción de la policía. Que en esa agresión se arrojó al suelo a manifestantes pateándoles las costillas, como en el caso de Leonardo Del Grosso, que fue brutalmente pateado y más, como las fotos que se mostraron luego, como si los que estaban en el suelo fueran miembros de la delegación israelí, cuando en realidad eran miembros de los grupos que protestaban. Ellos lo pueden demostrar identificando a los fotografiados.

Creemos que aquí debe ser el propio embajador israelí quien tome a su cargo llevar la paz en este hecho, que de seguir así creará más violencia. Debe ser él quien retire la denuncia y sostenga que fue un confuso episodio que debe superarse solo con el gran gesto de la no violencia y la búsqueda del método democrático del debate público y no el de las mutuas agresiones. Por ejemplo: realizar seminarios con representantes palestinos, israelíes y de los diversos grupos argentinos interesados acerca de cómo buscar un acuerdo de solución para el Cercano Oriente. Y luego llegar a un documento para enviar a Israel, a Palestina y a todos los países árabes. Aunque se consiga muy poco, por lo menos se demuestra buena voluntad, y esto puede ser una senda definitiva para la paz de los pueblos.

Parece utópico, pero es lo único posible. Grandes pensadores de origen judío como Noam Chomsky y León Rozitchner han criticado la actual política exterior de Israel. La luchadora de siempre Laura Ginzberg, miembro de la Agrupación por el Esclarecimiento de la Masacre Impune de la AMIA, ha escrito hace poco: “Los ojos de la humanidad miran y acompañan a las víctimas masacradas en Gaza y repudian las políticas terroristas del Estado de Israel en esa región”.

Así demuestran ellos que tienen coraje civil, como el joven intelectual Néstor Kohan, parte de cuya familia fue torturada y masacrada por los genocidas nazis, señala en un valiente artículo en el que les pide a los gobernantes israelíes: “¡Basta ya! ¡No lo hagan en nuestro nombre! No usen la memoria de nuestros abuelos y bisabuelos, torturados perseguidos y masacrados por el nazismo para fines mezquinos, egoístas e indefendibles”.

Hay dolor en estas palabras. Lo comprendemos. La culpa de todo esto no la tiene el grupito de argentinos que fue a gritar su verdad y ahora sufre una cárcel absurda. Luchemos por su libertad.

Link a la nota: http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/elpais/1-127129-2009-06-24.html

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martes, 2 de junio de 2009

El espectro bolivariano


El derecho soberano a expropiar empresas en sectores estratégicos y el origen históricamente socialdemócrata de estas medidas. Las diferencias entre la economía nacional y la venezolana hacen imposible que tome forma en el país un proceso de “chavización”, como insisten sectores opositores.

Opinión

La Argentina y el “virus” venezolano

Por Atilio A. Boron *

En los últimos años la relación argentino-venezolana ha registrado un significativo crecimiento en el terreno de la economía a la vez que una importante profundización en materia política. Es por eso que la cada vez más reaccionaria derecha argentina puso el grito en el cielo ante las nacionalizaciones dispuestas por el gobierno bolivariano dando cumplimiento a un plan largamente anunciado, ratificado electoralmente y congruente con el proceso de transformaciones en curso en Venezuela.

La histérica reacción de la derecha da lugar a varios comentarios. En primer lugar, ¿cómo objetar el derecho incuestionable del gobierno venezolano –en realidad, de cualquier gobierno– a disponer la expropiación de empresas consideradas estratégicas para un proyecto de desarrollo nacional y cuyo desempeño no puede ser librado a la dictadura del capital y su insaciable afán de ganancias? Contrariamente a lo que piensan los hombres de Neanderthal que comparten su caverna con Mario Vargas Llosa y sus acólitos, la nacionalización de empresas no fue un invento de los populismos latinoamericanos sino de los flemáticos gobiernos socialdemócratas y laboristas del período de entreguerras y, sobre todo, del que se abriera con posterioridad a la finalización de la Segunda Guerra Mundial, y tuvo resultados extraordinarios. De hecho, los logros de esas políticas de nacionalizaciones sobrevivieron en muchos países europeos hasta nuestros días. ¿Por qué prescindir de semejante herramienta?

Segundo, la formidable expansión de la intervención estatal en los mercados puede asumir diversas formas. Las nacionalizaciones son una de ellas; otras son las políticas de rescate empresarial dispuestas por gobiernos tan “revolucionarios e izquierdistas” como los de Barack Obama y Gordon Brown, que destinaron cifras cercanas al billón de dólares para salvar a bancos, financieras y compañías industriales introduciendo a cambio un cierto grado de control público en sus operaciones. Los publicistas de la derecha, siempre tan obsesionados por preservar el funcionamiento de los mercados de toda injerencia extraña como la que puede ejercer un Estado democrático, acudieron en tropel a Caracas para criticar a Chávez por sus nacionalizaciones y denunciar públicamente su curiosa dictadura –curiosa porque triunfó en 14 de las 15 elecciones habidas desde 1998 y también porque permite que los ultramontanos desgranen su prédica destituyente sin ninguna clase de restricciones, siendo incluso invitados a debatir con otros intelectuales nada menos que en el Aló Presidente–. Rechazaron el convite porque los ideólogos de la derecha son buenos para pontificar ante los medios del establishment pero “arrugan” invariablemente a la hora de debatir con los intelectuales de izquierda. En su insanable incongruencia, estos celosos custodios de la libertad son “socialistas” a la hora de socializar las pérdidas de las empresas, mientras que hacen profesión de un cerril individualismo cuando hay que embolsar ganancias. Este doble standard de la derecha no es novedoso: denuncia con tono apocalíptico las amenazas a la libertad y los derechos humanos en países como Venezuela, Bolivia o Ecuador pero ni las torturas ordenadas por la Casa Blanca, ni los “vuelos clandestinos” para trasladar prisioneros, ni las atrocidades de Guantánamo o Abu Ghraib suscitan en ella la menor preocupación. Lo mínimo que se puede concluir es que la derecha es moral e intelectualmente deshonesta.

Tercero: el furor antichavista, exacerbado al ritmo de la actual campaña electoral, no alcanza a ocultar que la Argentina y Venezuela son dos economías altamente complementarias, lo que facilita su creciente integración. No ocurre lo mismo entre nuestro país y el Brasil, por ejemplo, que está desplazando de los mercados internacionales a la languideciente presencia de nuestros productos agropecuarios. Por eso, el intercambio comercial con Venezuela ha crecido sensiblemente y está en el mejor interés de la Argentina fortalecer esta relación y, además, urgir a Brasilia para que de una vez por todas haga posible la plena incorporación de Venezuela al Mercosur. Con esto se cerraría un triángulo de oro integrando tres países con perfiles macroeconómicos altamente complementarios en materias alimentaria, industrial y energética, lo que no sólo robustecería a cada uno de ellos sino a la región en su conjunto en momentos en que arrecia la crisis capitalista. Con un agregado: la incorporación de la Venezuela bolivariana dotaría al Mercosur de una imprescindible visión geopolítica que brilla por su ausencia en un proceso de integración dominado todavía por la lógica y los valores del neoliberalismo. Todo esto, por supuesto, es mala noticia para el imperialismo, que lo último que desea es una América latina económicamente fortalecida. De ahí los denodados esfuerzos de la derecha para mantener a Venezuela fuera del Mercosur.

Finalmente, no puede desconocerse que en todos los casos en que se han producido nacionalizaciones Caracas siempre se ha mostrado dispuesta a resarcir con indemnizaciones a las empresas afectadas. Empresas que, como antes Sidor, violaban la legislación laboral vigente e incumplían compromisos contraídos con el gobierno, lo que añadía nuevos elementos para justificar su expropiación. Pese al coro desafinado que unificó voces tan discordantes como las de la UIA, el titular de la CGT (que asombró al mundo al declarar ¡que las nacionalizaciones no eran lo que había enseñado Perón, gestor de las más importantes jamás ocurridas en la historia argentina!) y el emporio massmediático –verdadero intelectual orgánico que articula el fragmentado, incoherente y desunido espacio de la derecha argentina– el promisorio camino abierto por la creciente vinculación entre la Argentina y Venezuela no será clausurado por la gritería de ayer.

* Doctor en Ciencia Política, profesor de Teoría Política (UBA).

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