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martes, 30 de marzo de 2010

COMUNICADO

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San Luis, Plaza Independencia, viernes 19 de marzo de 2010, marcha docente (Click en la foto para agrandar)



COMUNICADO DE ADHESIÓN Y APOYO
A LOS JUSTOS RECLAMOS Y LA JUSTA LUCHA DE
LOS Y LAS DOCENTES PROVINCIALES DE SAN LUIS

En este San Luis donde pirámides millonarias crecen, mientras los hospitales públicos se desangran de médicos mal pagos.
En este San Luis donde se gastan ladrillos en cabildos históricos, mientras los techos de las escuelas públicas se caen, las aulas se encuentran abarrotadas, y muchos niños y niñas siguen en lista de espera porque no consiguen bancos.
En este San Luis donde se les descuentan los días de paro a los y las docentes que luchan, pero se les reconoce el sueldo a los y las concejales oficialistas que no trabajan.
En este San Luis donde unos pocos bailan al ritmo del carnaval de río y otros muchos andan en el trencito de la precariedad laboral.
En este San Luis donde la misma policía que apalea y mata pobres como Nuria Lezcano o Jairo González, deja ir sin culpa y cargo a un vicegobernador que la desautoriza y la ningunea públicamente.
En este San Luis donde a un niño o niña pobre qué se le pregunta por lo que quiere ser cuando sea grande contesta: trabajar en el plan de inclusión.
En este San Luis de parcelas llenas, fábricas vacías y de diputados oficialistas que resignaron su capacidad de pensar por el servil ejercicio de levantar la mano cuando el patrón se los ordena.
En este San Luis donde los órganos de ficción oficial llamados “Diario de la República” y “Canal 13” ignoran, tergiversan y bastardean sistemáticamente los conflictos sociales.
En este San Luis de los megacircuitos donde nadie corre, de los megaestadios donde nadie juega, de las películas que nadie ve.
En este San Luis ficticio, donde se gobierna para el “que dirán” nacional, donde se les paga millonadas a los Mariano Grondona y los Corcho Rodríguez; a las Mirta Legrand y a las Susanas Gimenez.
En este “San Luis Cine” donde nos quieren meter comedia por drama.

En este, nuestro San Luis, del cuál todos y todas -por acción u omisión- somos responsables, las trabajadoras y los trabajadores de la educación han decidido levantarse. Han decidido marchar para luchar por los derechos que legítimamente les corresponden. Han decidido levantar la frente, cerrar los puños, apurar el paso y gritar su bronca a los cuatro vientos. Han decidido, más allá de cualquier didáctica, dar su mejor lección. La lección de una dignidad construida, codo a codo, en la calle.

Ojalá compañeros y compañeras, que esta justa reivindicación salarial por la que hoy pelean pueda atravesar la sordera autoritaria de quienes nos gobiernan y ser, tal vez, punta de lanza, ejemplo de lucha y unidad para otros trabajadores y trabajadoras que como ustedes sufren iguales o peores condiciones de precariedad laboral. Ojalá la llama de esta lucha, que hoy levantan ustedes, se derrame por el resto de la provincia hasta incendiar los miedos de todas y todos nuestros conciudadanas y conciudadanos.

Ojalá no se olviden que el mal que hoy enflaquece sus bolsillos, es apenas un síntoma de una enfermedad mayor y que cómo tal, no se agota en sí mismo. Ojalá no se olviden que, cómo decía una vieja canción, el que no cambia todo, no cambia nada.

En cualquier caso sepan, compañeros y compañeras, que estaremos con ustedes. Este asfalto que hoy vuelve a sentir, como en el 2004, los pasos de la dignidad, nos encontrará marchando a su lado.

Firman

“Frente Popular Darío Santillán” San Luis
Coordinadora de Padres
Agrupación Política “La Negra Libre”
Cátedra Libre Mauricio López
Colectiva Feminista “Mujeres en Búsqueda”.
Comisión Directiva de la Asociación de Docentes Universitarios (A.D.U.)
Grupo de Educación Popular “Minga”
Programa de radio “El Calidoscopio”


San Luis, lunes 29 de marzo de 2010

jueves, 25 de marzo de 2010

Carta abierta de un escritor a la Junta Militar (de Rodolfo Walsh)

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En el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia decidimos publicar este texto que denuncia el plan que los sectores dominantes habían puesto en marcha el 24 de marzo de 1976. Es un documento de referencia ineludible para abordar la época de los ‘70 y lo editamos como un aporte al análisis político, social y económico con que -creemos- se debe encarar la memoria colectiva.


Agrupación política "La Negra Libre"



miércoles, 24 de marzo de 2010

La Dictadura

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EL golpe

Muchas veces me causó sorpresa, por lo menos desde que entendí algo sobre la Constitución y las leyes, que haya tanta gente que acepte a los gobiernos militares como otros gobiernos más, muchas veces poniéndolos al mismo nivel que los gobiernos democráticos.
Como si una elección en democracia o un golpe de estado militar fueran lo mismo. Inclusive ubican a cada dictador en su lugar en la lista de los presidentes de la República Argentina.

Bueno, no debería sorprenderme, porque es lo que nos llega a través de los diversos medios de educación y de comunicación. Lo que podríamos resumir como "la propaganda" que, al ser emitida por determinados sectores de poder, transmitirán un mensaje acorde a los que les convenga.
Así entonces la propaganda será casi unánime en ciertas cosas que nadie debe discutir. No dejará lugar a debate sobre temas clave. Repetirán como loros las frases esenciales cual si hubiera un libreto que los guiara en qué decir y qué no decir. La responsabilidad de los medios de comunicación en el registro de la Historia es lo que lleva a afirmar que "lo que no se dice" se llama "la otra historia".
Entendamos también que en la aplicación real se verá una variedad de matices. Porque así como ante los ojos de un militar los zurdos somos todos iguales, un zurdo puede ver a todos los noticieros como lo mismo. Pero hay matices. Bueno, la propaganda con todos sus matices, desde distintos lados y métodos y con distintas palabras puede terminar diciendo lo mismo.
A lo que voy es que el mensaje de la propaganda en cierta medida imita lo que, en los hechos, hicieron los gobiernos democráticos (no todos) después de la dictadura. Enjuiciaron a los militares por las desapariciones, pero nunca los enjuiciaron por levantarse en contra de la Constitución. Nunca desconocieron la ilegalidad de las normas que dictaron, y hasta se hicieron cargo de la deuda que les dejaban.

El 23 de marzo de 1976, el día previo al golpe, había un orden constitucional. Estaba vigente. Era la Constitución de la Nación Argentina la ley máxima y todo un sistema legal que de ella se desprende. Es lo que se llama el "estado de derecho". Había Congreso, partidos políticos, sindicatos. Había "legalidad".
Y la toma del poder que llevaron a cabo las Fuerzas Armadas, con la complicidad de sectores civiles, fue ILEGAL.
Lo que quiere decir que todo lo que hicieron fue ilegal. Se apropiaron del Estado, de todas las instituciones. Todo lo que pudieron haber hecho desde ahí es ilegal, porque su posición de autoridad carece de legalidad y legitimidad desde el origen.
Nadie los eligió para hacer lo que hicieron, no actuaron según ninguna norma que previera y permitiera hacer un golpe de estado.
La verdad es que se levantaron en contra de la Constitución y las instituciones de la democracia y la Republica. Y sin embargo muchas leyes, decretos, y hasta la deuda externa que contrajo ese "gobierno" se consideran hasta hoy válidas.

El genocidio

Una justificación que se esgrime para dar el golpe, repetida como loros en distintos ámbitos, es que fue una respuesta a la guerrilla. Se culpa así a las organizaciones armadas revolucionarias de haber provocado el desastre que hicieron los militares. Esto es falso. Las organizaciones armadas estaban prácticamente desarticuladas para marzo del '76, y los militares lo sabían.
La respuesta sobre las denuncias de desapariciones y torturas es que se peleó una guerra, una guerra diferente, que requería métodos especiales. No hubo tal guerra. Masacraron a 30.000 personas. Se los secuestró, se negó el hecho, se los torturó, se los asesinó y se ocultaron los cuerpos y las evidencias. El genocida Bussi en Tucumán decía que eran prisioneros. Si hubieran sido prisioneros los hubieran tratado como tales, como prisioneros de guerra. ¿Y los secuestros de los niños de los capturados y el robo su identidad? ¿Esos también eran prisioneros?
Las 30.000 víctimas del terrorismo que aplicó la autoridad militar no fueron prisioneros de guerra, ni muertos en combate. Fue un genocidio, no de una raza, no de una religión, ni tampoco de una ideología. Fue el genocidio de un sentir popular, de una capacidad de reacción social. Los autores intelectuales de la dictadura sabían claramente que tenían que anular toda capacidad de respuesta de la sociedad argentina para poder aplicar los planes de dominación económica y política que pretendían los "intereses norteamericanos".

Conclusión. Se levantaron en contra de la Constitución y se apropiaron ilegítimamente del poder. Su gobierno fue totalmente ilegal.
Secuestraron a miles de personas, en medio de la noche o delante de todos. Los encerraban en lugares clandestinos, los desnudaban, los torturaban, luego los asesinaban y desaparecían los cuerpos o los arrojaban vivos al Río de la Plata. Secuestraron bebés y les robaron su identidad. Saquearon las casas y se apropiaron de los bienes de los secuestrados.
Le quitaron las libertades y garantías constitucionales a todo el pueblo. Sometieron política y económicamente a la Nación al dominio extranjero. Enviaron a la pobreza y al hambre a millones.


Todos los autores intelectuales y materiales, partícipes y cómplices de esta traición a la Patria deben pagar. Por todo esto debemos exigir JUSTICIA.
Joaco

martes, 23 de marzo de 2010

Porqué la desaparición

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Esta explicación me la pasaron una vez en un foro de internet y me perece muy buena asi que ahora la comparto. Es sobre porqué se desaparecía a las personas que la Dictadura llamaba "subversivos".
Joaco

 


La desaparición de personas: fue una técnica ensayada por el ejército francés en la guerra de la Independencia de Argelia, en la década de 1950.
Uno de los efectos no previstos por los franceses de esta técnica de desaparición forzada de personas fue el de la angustia generalizada: a diferencia de los cadáveres visibles en los fusilamientos (que solían provocar levantamientos de los muyahidin argelinos), los desaparecidos instalaban en la sociedad una parálisis propia de la incertidumbre. (recordemos las palabras de Videla: "Los desaparecidos son eso, desaparecidos; no están ni vivos ni muertos; están desaparecidos")
El ejército francés aprovechó este efecto psicológico a su favor: los argelinos no tenían forma de saber si los desaparecidos habían sido víctimas de los franceses, si habían sido ejecutados por sus propios compatriotas, si habían desertado a Francia, etcétera. A los familiares no les era tampoco posible interponer recursos de hábeas corpus (¿cómo haría el desaparecido para presentarse ante el juez?); todo esto resultaba en un estado de duelo permanente que convenía mucho a los fines terroristas del estado francés (cuando hay un cadáver y una certeza, el duelo por la muerte se resuelve en términos normales).
Los franceses entonces diseñaron una técnica de desaparición metódica a partir de una distribución uniforme; de este modo, no había argelino que no supiera de alguien que había desaparecido sin dejar rastros. En la mayoría de los casos, la desaparición no tenía un motivo político, sino uno geográfico (por ejemplo, la desaparición de toda una familia podía ser una forma de mensaje encubierto que correría de boca en boca en unos kilómetros a la redonda).
Quienes han vivido esas épocas en Argentina pueden reconocer la situación de Argelia como propia; es posible que los militares del Proceso la hayan copiado de un modo literal. Sabemos que cuando alguien desaparecía, no se hablaba más sobre esa persona; no era que no se cuestionara: sencillamente el desaparecido dejaba de ser parte de la realidad cotidiana (el olvido selectivo equivalía a la autopreservación).

No hay que perder de vista el aspecto de guerra psicológica de la desaparición de personas; un ejemplo reciente es el de Jorge Julio López, cuya desaparición sirve tanto para acusar a funcionarios del Estado, a genocidas o al diariero. Hasta puede decirse (se ha dicho) que López fue visto viviendo en París.

Los militares del Proceso ganaban poder con la desaparición de personas; no el mero poder político (que puede ser comprado por no demasiado dinero), sino un poder de orden metafísico, teológico.
Por supuesto que en la desaparición forzada de personas hay también intención de impunidad y de apropiación ilegítima de bebés y de bienes, aunque creo que no es posible ni conveniente reducir el fenómeno a esos únicos aspectos.



lunes, 22 de marzo de 2010

La historia secreta del 24 de marzo

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Objetivo económico

La historia secreta del 24 de marzo todavía no ha sido escrita. Ni siquiera existe un análisis riguroso de las causas que lo motivaron. En el imaginario colectivo, alimentado por las malversaciones teóricas de un vasto sector de la clase política y la inmensa mayoría de los medios, sigue gravitando una tesis banal: ante el vacío de poder generado por el catastrófico gobierno de María Estela Martínez de Perón, con su secuela de violencia generalizada, las Fuerzas Armadas ocuparon -de manera casi natural- el Estado. Una tesis que ha servido, entre otras cosas, para prohijar la teoría de los dos demonios y ocultar un hecho decisivo: el contenido económico y social (de clase, podría decirse), que tuvo el golpe militar, aunque encubriera sus verdaderos propósitos en la lucha contra "la subversión" y la "delincuencia económica". El golpe del '76 encerraba un proyecto socioeconómico cuyos objetivos últimos serían alcanzados -paradójicamente- en el gobierno "peronista" de Carlos Saúl Menem con el desmantelamiento del Estado de bienestar fundado por el primer Perón y la apertura de la economía a la "globalización". Como lo ha dicho con claridad y cierta envidia el propio ministro de Economía de la dictadura, José Alfredo Martínez de Hoz (h.), al señalar que la política económica de Domingo Felipe Cavallo representaba la "continuidad" de la suya.

Excesos

Ese esquema económico constituyó la razón principal de un golpe de Estado que fue planeado con gran anticipación hasta en sus menores detalles, como lo prueba -entre otros documentos- el Plan del Ejército de febrero de 1976, firmado por el entonces jefe de Estado Mayor, general Roberto Viola. Donde puede apreciarse a simple vista que los pretendidos "excesos" de algunos individuos fueron en verdad políticas establecidas desde el alto mando (incluyendo el robo de niños).

Planeado

La decisión de dar el golpe fue tomada mucho antes del 24 de marzo. Y en esa decisión pesó de manera determinante el consejo y la visión estratégica de los sectores más concentrados del capital local estrechamente ligados al capital internacional (hoy diríamos, globalizado). Encarnados en el dirigente empresario José Alfredo Martínez de Hoz, al que pocos señalan hoy en día su carácter de ideólogo de la carnicería que ejecutaron Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Rubén Agosti, como jefes de la primera Junta militar. Sin embargo, el propio "Joe" reconoció en 1984 ante la Cámara de Diputados (que investigaba la dolosa "nacionalización" de la Compañía Italo Argentina de Electricidad) que él visitó al general Videla, cuando éste era jefe del Estado Mayor Conjunto, "en el curso del año 1975". En ese momento Martínez de Hoz presidía el poderoso Consejo Empresario y concurrió junto con otros hombres de negocios para expresarle al militar su preocupación porque "se estaba impidiendo la libertad de trabajo, la producción y la productividad" y recordarle que se debía asegurar "el imperio del orden sobre todas las cosas". Videla escuchó con reverencia clasemediera las preocupaciones de este patricio, hijo y nieto de los terratenientes que fundaron la Sociedad Rural y articularon sus intereses con los del capital financiero internacional (Rockefeller, banca Morgan, etc.) y supo cumplir su papel.
Para ese entonces, la movilización de las bases sindicales contra el Rodrigazo (el brutal plan de ajuste dispuesto por el ministro de Economía de Isabel, Celestino Rodrigo) había logrado la expulsión del gobierno y del país del "Brujo" José López Rega, que pretendía ser el poder tras el trono de la viuda de Perón. Hecho decisivo que fue inteligentemente interpretado por los sectores dominantes: la derecha peronista (política y sindical) ya no les servía como instrumento para domesticar a la base social que decían representar; su desgaste los inhabilitaba para encarar con rigor y a fondo la reforma del Estado y el aparato productivo que propiciaba el gran capital.
Para colmo, en las Coordinadoras de Base sindicales, iba surgiendo un nuevo tipo de dirigentes que el líder radical Ricardo Balbín no trepidaría en denunciar como "guerrilla industrial" y que constituían un potencial más peligroso para la "entente" de generales y empresarios que el accionar militar de las organizaciones armadas (ERP y Montoneros) que estaban lejos de representar un verdadero desafío bélico.


Guerrila desarticulada

En rigor, cuando llegó el golpe, la guerrilla guevarista del ERP había sufrido ya el desastre de Monte Chingolo y estaba por ser aniquilada en Tucumán. Montoneros aún conservaba la mayoría de sus cuadros y era más peligrosa para los militares por su influencia sobre el ala juvenil y radicalizada del movimiento de masas, pero pesaba sobre ella el anatema de Perón en la Plaza de Mayo (primero de mayo de 1974) y su propia tendencia a militarizar la política que la llevaría a encerrarse en el aparato antes que a replegarse en la base social para afrontar un largo período de resistencia. Sin embargo, los militares no ignoraban que había vasos comunicantes entre la "guerrilla industrial" y la guerrilla a secas, y no los subestimaron, como queda de manifiesto en el citado plan del golpe redactado por Viola.

Los contactos entre empresarios y militares 

Estos contactos se hicieron cada vez más frecuentes, con la intermediación de un hombre que combinaba la filosofía de Ortega y Gasset (era amigo de su discípulo Julián Marías) con los buenos negocios: el ex ministro de Justicia de la dictadura de Alejandro Lanusse, Jaime "Jacques" Perriaux.
Un empresario vinculado como "Joe" a la oligarquía (La Vascongada, La Querencia SA) y al capital extranjero (Citroën, Pfaff Bromberg etc.). La última de esas reuniones -según Martínez de Hoz- se hizo con Massera como anfitrión en el comando de la Armada. Para ese entonces las principales empresas del país -entre las que destacaba la siderúrgica Acindar, fundada por el ingeniero Arturo Acevedo y presidida casualmente por "Joe", el futuro ministro de Economía del golpe- habían establecido un sistema de espionaje y vigilancia, junto con la policía y los servicios, para individualizar a los principales activistas. En mayo de 1975, la represión de la gran huelga de Villa Constitución, dirigida por Alberto Piccinini -un metalúrgico rebelde a la conducción de Lorenzo Miguel- había constituido un ensayo general de los métodos que se aplicarían después del 24 de marzo, incluyendo el primer centro clandestino de detención que funcionó en el país.


Complicidad de los partidos. Represion dirigida a los sindicalistas combativos

Pero el golpe de clase necesitaba además cierto consenso o al menos neutralidad de la clase política, que viniera a complementar la decidida participación de gran parte de la jerarquía católica. En octubre del '75 algunos jefes militares como el comandante del Primer Cuerpo, Carlos Guillermo Suárez Mason, comenzaron una serie de reuniones secretas con altos dirigentes de la Unión Cívica Radical, para sondearlos acerca de la actitud que adoptarían ante el derrocamiento de Isabel. La respuesta debió complacerlos, porque en febrero del '76, Viola pudo estampar esta profecía en el plan de operaciones: "Otros agrupamientos políticos no incluidos en el presente documento como podrían ser la Unión Cívica Radical y el Partido Federalista (del ex-marino Francisco Manrique) es probable que no se opongan al proceso y hasta lleguen a apoyarlo por vía del silencio o no participación". Tampoco la dirigencia justicialista (rezagada en el ranking de los "oponentes potenciales") les daba mayor dolor de cabeza: "De los agrupamientos incluidos en Prioridad IV sólo del Movimiento Nacional Justicialista, se prevén manifestaciones parciales y como consecuencia del cambio". No es casual, en cambio, que entre los "oponentes activos" a nivel gremial (Prioridad 1), colocaran a "las agrupaciones de base, la ex CGT de los Argentinos, la Juventud Trabajadora Peronista, el Movimiento Sindical de Base, el Movimiento Sindical Combativo" y otras organizaciones enfrentadas con la dirigencia gremial, que podían actuar contra "la estabilización y solución del problema social". Tampoco es casual que en las primeras horas de este golpe, que el Plan de Viola ordenaba "encubrir" bajo la apariencia de "acciones antisubversivas", la guadaña cayera con ferocidad sobre el movimiento sindical alternativo: doscientos delegados de base "chupados" en Córdoba y centenares de secuestros y arrestos en la estratégica franja industrial que iba desde el Gran Rosario hasta San Nicolás. Primer paso de una estrategia represiva que seguiría constantemente hasta alcanzar un porcentual estratégico relevado en su momento por la Conadep y convenientemente olvidado por una sociedad desmemoriada: el 46 por ciento de los detenidos-desaparecidos por la dictadura militar pertenecía a esa especie en extinción que solía llamarse clase trabajadora.

por Miguel Bonasso
Fuente :Suplemento de Página/12 a 24 años del golpe

miércoles, 3 de marzo de 2010

El suicidio de un “disidente” cubano

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Por Atilio A. Boron *


Haciendo una vez más gala de su proverbial falta de escrúpulos, El País de Madrid informó en su edición digital del 27 de febrero que “La disidencia cubana sigue movilizada por la muerte del prisionero de conciencia Orlando Zapata Tamayo”. Afirmación tan rotunda como falsa.

Afortunadamente, una nota publicada por el prestigioso intelectual cubano Enrique Ubieta Gómez permite echar luz sobre este penoso episodio y desmontar la mentira urdida por el periódico madrileño. (http://www.cubadebate.cu/opinion/2010/02/26/orlandozapatatamayolamuerte utildelacontrarrevolucion/). En ella se demuestra que el supuesto “prisionero de conciencia” no era tal; por eso nunca figuró en la lista de “prisioneros políticos” elaborada por la ya disuelta Comisión de Derechos Humanos de la ONU en 2003, reemplazada a causa de sus serios vicios y su manifiesta arbitrariedad al servicio de los intereses de los Estados Unidos por el Consejo de Derechos Humanos.

Entonces, ¿quién era Zapata Tamayo? La respuesta es bien simple: era un preso común con una frondosa carrera delictiva. Procesado por “violación de domicilio” (1993), “lesiones menos graves” (2000), “estafa” (2000), “lesiones y tenencia de arma blanca” (2000) entre otras causas que, como puede observarse, nada tienen que ver con la protesta política y sí con delitos comunes. La justicia cubana le concedió la libertad bajo fianza el 9 de marzo de 2003, pero pocos días después reincidía en sus delitos. Fue detenido y condenado a tres años de prisión. Pero, en esta ocasión, su sentencia se fue extendiendo a causa de su agresiva conducta en la cárcel. Allí se produce su milagrosa metamorfosis: el maleante repetidamente encarcelado por la comisión de numerosos delitos comunes se convierte en un ardiente ciudadano que decide consagrar su vida a la promoción de la “libertad” y la “democracia” en Cuba. Astutamente reclutado por sectores de la “disidencia política” cubana, siempre deseosa de contar con un mártir en sus magras filas, se lo impulsó irresponsablemente y con total desprecio de su persona a llevar a cabo una huelga de hambre hasta el final, a cambio de quién sabe cuáles promesas o contrapartidas de todo tipo, que seguramente el paso del tiempo no tardará en aclarar.

El caso de esta víctima es aleccionador del talante moral de quienes pugnan por lograr el “cambio de régimen” en Cuba; también de la catadura moral de medios como El País, y otros similares, que ponen su inmenso poder mediático, formador y deformador de conciencias, al servicio de las más innobles causas. Nada dicen, por ejemplo, de que la desgraciada vida del suicida fue vilmente manipulada por la “disidencia” y sus mandantes, que pretenden hacer pasar por un “preso de conciencia” a quien no fue otra cosa que un delincuente común. También ocultan que la sedicente “disidencia política” es, en realidad, algo bien distinto: un grupo de individuos que fueron filmados mientras recibían importantes sumas de dinero en la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana para financiar sus actividades subversivas de la constitución y las leyes de la república. Es decir, para trabajar conjuntamente con el gobierno de un país que hace medio siglo le ha declarado la guerra a Cuba, que mantiene contra esa isla un bloqueo criminal unánimemente condenado por la comunidad internacional y que ha hecho más de seiscientos intentos de asesinar al líder de la revolución cubana. ¿Cómo reaccionaría Washington si hoy sorprendiera a un grupo de sus ciudadanos recibiendo generosas sumas de dinero, equipos de comunicación y consejos prácticos acerca de cómo derrocar al gobierno de Estados Unidos en la embajada de Afganistán en Washington? ¿Hubiera considerado El País a esos subversivos como “disidentes políticos” o como traidores a su patria? Además, a diferencia de lo ocurrido con los mercenarios cubanos, lo más probable es que los estadounidenses hubieran sido inmediatamente ejecutados, acusados del delito de traición a la patria por su desembozada y antipatriótica colaboración con una potencia agresora.

Pero nada de eso ocurre en Cuba. Y nada de esto se informa a la opinión pública mundial. No hay en la isla cárceles secretas, ni legalización de la tortura, ni traslado de prisioneros para ser torturados en terceros países, ni desaparecidos, ni vuelos ilegales, ni detenciones arbitrarias sin plazos ni juicios y tantas otras prácticas que rutinariamente se llevan a cabo en las mazmorras estadounidenses y que son sistemáticamente silenciadas y ocultadas por la “prensa seria” cuya supuesta misión es informar. Para la prensa del imperio, como El País, todas estas son minucias sin importancia. Negocios son negocios y si hay que mentir se miente una y cien veces con la certeza que otorga la impunidad que le confiere la indefensión, la credulidad o la apatía de sus lectores, aletargados por la propaganda y cuidadosamente desinformados y embrutecidos por los grandes medios. En un luminoso pasaje de El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte Marx decía que, ante su orfandad, la contrarrevolución bonapartista extraía sus cuadros y sus héroes del lumpenproletariado de París. Lo mismo ocurre en nuestros días con los autoproclamados adalides de las libertades y la democracia en Cuba y sus compinches en la “prensa seria” internacional. Por eso, si es necesario decir que Barrabás era Jesucristo, se dice. Y si hay que decir que Zapata Tamayo era un “prisionero de conciencia” se dice y sanseacabó.

* Politólogo.

Fuente: Pagina12, 01/03/2010

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